Cuando Granada es de novela

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Hace poco tuve la suerte de conocer la única obra del escritor  Felipe Romero  (1929-1998) , “El segundo hijo del mercader de sedas”, su gran novela sobre la vida en Granada.

La muerte lo sorprendió a las puertas de concretar una trilogía, “El mar de bronce”, del cual solo llegó a escribir la primera parte, dedicado a los judíos granadinos, y el tercero sobre la guerra civil española, que vivió siendo niño.

El segundo hijo del mercader de sedas, cuenta la historia de Alonso de Granada Lomellino, hijo del mercader genovés pero luego afincado en Venecia, Esteban Lomellino, llegado a Granada en el verano de 1576, vinculado con los Lomellino, mercaderes genoveses que llegaron a esta ciudad junto con los Reyes Católicos. Mas tarde  se casaría con María de Granada, descendiente de una princesa nazarí.

De esta mezcla de orígenes, nace Alonso, en una época en la que España está imbuída de gran fervor religioso, que culminaría provocando en 1492 la expulsión de los judíos y en 1568 la de los moriscos.

Y es precisamente sobre estos desgraciados hechos que transcurre el trasfondo de la novela, la desaparición de una cultura de coexistencia (tema tan tratado actualmente). Granada pasó de ser una ciudad pujante, a sufrir una lenta degradación  y a ser condenada por la miseria en los siglos venideros.

Sus campos quedarían abandonados, el ganado sin pastores, las iglesias sin construirse por la ausencia de alarifes, las fraguas sin herreros, las maderas sin orfebres talladores, las lanas y la seda sin tejedores y tintoreros. Granada fué despojada de los mejores hombres que la crearon y enriquecieron, y tomada  por otros hombres que jamás supieron entenderla.

La novela recrea con una gran riqueza de expresiones, la vida cotidiana de Granada, sus calles y costumbres, sus personajes y oficios, de un tiempo que irremediablemente se perdió.

Tal ha sido el éxito de esta novela, que la productora granadina de cine  Atico 7, lleva un tiempo viendo la posibilidad de llevarla al cine.

Esperemos que así sea, pues sería un gran homenaje a Felipe Romero y a su querida Granada.

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