Pisare las calles nuevamente…

de lo que fue Santiago ensangrentada,

y en una hermosa plaza liberada

me detendré a llorar por los ausentes….

retomarán los libros las canciones

que quemaron las manos asesinas

renacerá mi pueblo de su ruina

y pagarán su culpa los traidores……

En estas estrofas de la hermosa canción de Pablo Milanés, que parecen en parte cumplirse tres décadas después, se refleja el accionar del pueblo chileno en las multitudinarias manifestaciones que se registran día tras día, ante el gobierno minoritario y asesino de Piñera, dueño de una de las mayores fortunas de su país, con un capital estimado de 2700 millones de dólares en 2017, según la revista Forbes, conviertiendose en uno de los diez mayores milmillonarios de nacionalidad chilena que existen en la actualidad.

Recordemos que en Chile la abstención superó el 50% del padrón electoral, a lo cual descontados los votos del centro izquierda, queda un gobierno de minorías. También es cierto que el voto no es obligatorio, lo cual marca la baja participación ciudadana.

Esto nos demuestra una vez más, que no se puede ni se debe “dejar hacer” a los demás, lo que uno mismo debe hacer como ciudadano activo y participativo.

La guerra mediática de los poderosos y la instalación de falsas premisas a través de redes sociales, con la complicidad de ciertas iglesias evangélicas, cumplen hoy día un rol importante en el “lavado de cerebro” de amplias capas de la población.

América Latina está en guerra, y es una guerra contra-cultural, subterránea, donde se juega el destino de los pueblos y de la Patria Grande.