30 diciembre 2011
Juan, esclavo del imperio
Juan se levantaba
cada día a las cinco de la mañana
agitaba su cabeza, tomaba su café
y salía corriendo a la madrugada.
De 6 a 14 lo recibía la fábrica
para sacudirlo después con la sirena
y enviarlo coriendo
a su próximo currelo.
Cada tanto pensaba:
-que suerte tengo de estar trabajando,
tendré comida para mis hijos
lástima que apenas puedo verlos-
Un día su corazón cansado
a los cuarenta y tantos dijo basta,
y la muerte artera en una esquina
le salió al paso.
Juan que nunca hizo mal a nadie
se fue por derecho
al cielo de los obreros.
Dios, bonachón y antiguo,
lo recibió con una sonrisa en los labios
y amablemente le preguntó:
¿Y Juan, que tal la vida?
Y Juan, entre pensativo y sorprendido
le respondió:
¿que vida?
por Barsalatino

